Introducción.

La filosofía, madre de todas las ciencias como lo expresaría Aristóteles en su metafísica, se ha jactado de ser el campo base de la ciencia y de la investigación. En la actualidad, todo estudio universitario implica contacto con la filosofía, sea por razones epistemológicas, sea por razones éticas. La filosofía académica, por lo tanto, se manifiesta como el campo abstracto del conocimiento, tanto en su producción como en su evaluación. Este tipo de filosofía: abstracta, universitaria y académica, fue llamada por Schopenhauer la filosofía estatal, aquella que rinde pleitesía a un sistema de dominación. Desde esta mirada, el saber filosófico sólo es un discurso emitido por una institucionalidad con objetivos y propósitos sistémicos, políticos y económicos.

Sin embargo, la filosofía no sólo aparece como la madre de todas las ciencias, también se da a conocer como la madre del buen vivir. Es desde este marco conceptual que se rescata la filosofía práctica, la cual se encarna en la cotidianidad. A esta filosofía no le place lo abstracto en sí mismo, ni lo teorético. Por el contrario, su finalidad es la vida misma, de allí surge y hacia allí se dirige. No es de extrañar que, para Schopenhauer en el mundo como voluntad y representación, la filosofía es aquella desinstitucionalizada, pues sólo la verdadera filosofía es vivencial y vivenciada.

Partiendo de lo anterior, vale la pena hacer una revisión histórica de la filosofía práctica, así como apuntalar su finalidad y su metodología. Esto, con el objetivo de rescatar un modo de vivir la filosofía y de filosofar la vida. Con base en esto, el propósito de este ensayo es demostrar que la filosofía práctica ha existido desde la época presocrática, llegando al nivel de consultoría. Para cumplir con este objetivo, partiré, en primer lugar, por la filosofía presocrática. En segundo lugar, hablaré de la revolución socrática y, por último, de la consultoría filosófica. Aclaro que no menciono la época cristiana, porque si bien ella aportó a la filosofía práctica, también fue ella la que degradó la filosofía vital a una filosofía institucional, tal como lo defenderá Ran Lahav.

  1. Filosofía práctica presocrática.

A pesar de retener sólo fragmentos de los pensadores occidentales, llamados presocráticos, considero que sus filosofías son tesoros sin abrir de la filosofía práctica. En efecto, para Ran Lahav, Achebach, Foucault e incluso Hadot, la filosofía práctica podría fecharse desde la corriente socrático-platónica en la cultura occidental. Sin embargo, el pensamiento presocrático centrado en reflexionar la physis mediante el arché, ha sido tildado más como una actitud precientífica que como una reflexión del saber natural para generar impacto en la vida. Incluso, suele llamársele filosófica a esta época sólo por el surgimiento de las preguntas, no por el tipo de respuestas que se dieron.

En efecto, Tales de Mileto suele ser tenido en cuenta, no por sus respuestas, sino por iniciar la pregunta por el origen: ¿Qué está a la base de todo? ¿Cuál es el principio del Todo? Estas preguntas, más que ser precientíficas, son filosóficas en el sentido práctico de la misma, puesto que intenta comprender el Todo y, por lo tanto, la parte de cada individuo en ese Todo. En efecto, más que el agua, Tales propuso un principio vital, el arché de Tales está animado, todo está vivo. La vida está en la base. Con Tales, en efecto, surge la filosofía. En otras palabras, desde el nacimiento de la filosofía se decidió que ella sería práctica.

Luego de Tales, vendrían un sinnúmero de pensadores que intentaron comprender la posición de cada uno en el cosmos (todo ordenado) permitiendo inferir la idea del hombre como un microcosmos (un pequeño todo ordenado). Lo importante de la filosofía, sería entonces, encontrar ese orden entre lo micro y lo macro. Empédocles, por ejemplo, con su teoría de las fuerzas originarias (amor y muerte) está representando el conflicto cósmico, por el cual cada individuo pasa. Similar a lo que Achebach llamó “vidas estancadas”. En este sentido, el pensamiento presocrático, más que buscar el saber por el saber mismo, buscó el saber para la vida. Es interesante la interpretación que existe sobre la filosofía de Parménides como la melancolía de la sabiduría. Esta manera de comprender a Parménides, da a entender, que todos los presocráticos, anteriores a él, tenían un conocimiento o un saber especial; mientras que Parménides sólo logró percibir que ya no tenía dicho saber. Por el contrario, debía buscarlo y para ello llamó a las musas, para ello viajó con un auriga a la morada del Ser, sin éxito alguno. No obstante, no todo estaba perdido, Parménides descubrió que el Ser era UNO, IMPERECEDERO, INMORTAL E INMOVIL, es decir, él comprendió que la vida estancada es aquella que es dual o múltiple, perecedera, mortal y móvil, él también sintió el conflicto cósmico y buscó, filosóficamente, como superarlo.

Desde este panorama, la filosofía práctica surge desde el nacimiento de la filosofía misma. Cada pensador ofreció su teoría física, su fundamento (arché) desde un conflicto cósmico, desde una sensación de “vida estancada” para comprenderse más a sí mismo y, con ello, la totalidad de la realidad.

  • Revolución socrática.

En la historia de la filosofía se suele mencionar que Sócrates impartió un giro antropológico en la filosofía, pues su norte no sería la physis, sino el hombre mismo, puntualmente, su conducta ética. Es importante revisar este juicio histórico, puesto que niega que los presocráticos se preocuparon por el hombre y lo ético, en primer lugar; y porque olvidan que Sócrates continúa el mismo principio arrojado por Tales “conócete a ti mismo”. La diferencia entre Sócrates y Tales, fue que el primero reconoció que no sabía, mientras que el segundo construyó el conocimiento terminado de sí mismo. En efecto, cuando Tales aceptó el agua como arché, teorizó su propia vida, trascendió el estancamiento de su vida: superó el conflicto cósmico.

Por el contrario, Sócrates reconociendo que no sabía, pero sintiendo que podía y debía hacer más con su vida, interpeló a los demás y a sí mismo a examinarse constantemente. Sócrates fue el líder de la revisión de consciencia, es decir, del intento de que todos pudieran ser lo que se supone que ellos debían ser. El giro de Sócrates no fue antropológico, fue sociológico. Mientras que los presocráticos se centraron en sí mismos, Sócrates se centró en sí mismo y en el sí mismo de los demás. Sócrates buscó abarcar a toda la Ciudad (polis), de allí que Foucault en la Hermenéutica del Sujeto, exprese que el cuidado de sí, en la antigüedad, vinculara el cuidado del otro o, mejor, “para gobernar a los otros, debo gobernarme a mí mismo.”

Desde este mismo foco partirá Platón, para quien el cuidado de sí se ajusta (justicia) en el cuidado de la República. Cada uno debe hacer lo que debe ser. Sin embargo, esto no demerita el aporte platónico frente a la filosofía (práctica). Como lo demuestra Ran Lahav, la caverna platónica es una metáfora vital, es aquello que nos encierra, nos limita, nos oprime. Para Lahav, la caverna de Platón es un perímetro, unos límites y unas fronteras que hemos de cruzar para vivir a plenitud. Es necesario recordar que el mito de la caverna narra cómo unas personas encadenadas desde recién nacidos, por manos, piernas y cuellos, han estado obligadas a mirar al frente. Esa mirada está mediada por toda la oscuridad de la caverna y un haz de luz que emite una fogata detrás de ellos, la cual proyecta unas sombras que son reales para los espectadores. Esta caverna, que se presta para múltiples interpretaciones: epistemológica, ética, política, etc., es retomada por Lahav como estancamiento vital.

Lahav plantea que el perímetro es la suma de interpretaciones del mundo que cada uno posee. También lo relaciona con la zona de confort, con las acciones automáticas, con las máscaras que cada uno viste. El perímetro, como la caverna de Platón, absorbe, no permite mirar más allá y tampoco invita a ir más allá. De allí la exigencia de Sócrates y de Platón de examinarse a sí mismo, de vivir una vida filosófica, es decir, reflexiva diariamente sobre sí mismo. No obstante, como ya se mencionó, Platón cedió ante la idea de que el cuidado de sí, salir de la caverna, implica el cuidado del otro, regresar a la caverna a salvar a los otros. Generando, así, una relación entre lo individual y lo público: el ciudadano y la ciudad.

Por el contrario, las escuelas helenísticas tales como, el cinismo, escepticismo, epicureísmo y estoicismo reconocerán la importancia de la filosofía (práctica) para sí mismo, es decir, para cada individuo. En efecto, para estas escuelas, la filosofía tiene como finalidad la vida misma, desde su comprensión hasta su plenitud. Todas buscaron la autarquía (no depender de nada ni de nadie), desde diversos caminos. Todas buscaron la ataraxia (tranquilidad), algunas la encontraron en la apatía (sin pasiones), otras en el epoché (suspender el juicio) y otras en el hedoné (placeres).  Por esta razón, la filosofía se presenta como transformadora de vidas, no como campo abstracto o científico. Incluso, como dirá Foucault en la Hermenéutica del Sujeto, todo saber físico y lógico que emanarán de estas escuelas tenían como finalidad la tranquilidad de la vida. Por ejemplo, la carta a Pítocles, escrita por Epicuro, es una muestra de cómo el saber natural o astronómico permite calmar las angustias vitales de cada uno de sus discípulos.

Además, los tipos de textos que emiten dichas escuelas son pruebas suficientes para demostrar el interés de impactar la vida, no el campo epistemológico. Efectivamente, surgieron discursos mediante cartas, confesiones, meditaciones e incluso diálogos orales, evidenciando la importancia de que lo dicho es fundamental para la vida, no para la biblioteca. Foucault va a ver en estos modos discursivos un interés helenístico por el cuidado de sí, es decir, por el que cada uno se ocupe de sí mismo. En la lección sobre la Paresía, Foucault, dejará en claro que estas escuelas filosóficas hablaron con franqueza, pero sobre todo hablaron cómo debían hablar a las personas que se supone debían llegar dichos discursos. En otras palabras, la paresía aparece en una relación de transmisión de la verdad, la cual es manifestada con el ejemplo, como lo hizo Epicuro, Séneca, Marco Aurelio, etc.

Estos discursos verdaderos tienen como finalidad la epimeleia, es decir, el que cada uno se ocupe de sí mismo para alcanzar la metanoia: la transformación que le permitirá ser plenamente.

  • Consultoría filosófica.

Ser plenamente o, mejor, vivir en plenitud sólo es alcanzable cuando se supera la vida estancada, como lo menciona Achenbach. Para lograrlo se precisa del saber: de dónde viene, dónde se encuentra y a dónde va. Este saber, como se mencionó anteriormente no es académico, es vital. Todo saber o, discurso de saber, apuntala a la vida plena. Desde esta perspectiva, sólo la filosofía podría ayudar a cuidar de sí mismo. Esto permite inferir, entre muchas otras cosas, que cada uno tiene una filosofía de vida o, mejor una mirada que puede ser perimetral o puede ser transformadora. Y, además, permite inferir que la filosofía no se vincula al ámbito psicológico.

Efectivamente, cada uno tiene una filosofía, una manera de ver el mundo, como lo expresa Achebanch. Para Lahav cada consultante de un filósofo práctico posee una teoría que determina su actuar y su emocionalidad. No se trata de saber si hay traumas infantiles, si hay represiones, etc., se trata de reconocer la teoría que enmarca la conducta, que detenta el estancamiento. Esto mismo sostendrá Achebanch cuando manifiesta que la psicología sigue un método experimental positivo, la filosofía es un camino laberíntico que permite al otro transitar por su propia teoría e irla aclarando, gracias al diálogo y a la compañía del filósofo práctico.

Pierre Hadot en su texto Ejercicios espirituales y filosofía antigua, reconoce que la teoría “confort” sólo es posible liberarla a través de la filosofía, la cual se presenta como ejercicio, como método de formación de una nueva manera de percibir y vivir el mundo. Incluso, su tesis, es que toda la filosofía antigua greco-romana se especializó en ejercitar a cada interesado en tener una vida plena. Esto mismo es sostenido por Lahav cuando manifiesta que la filosofía tiene como tarea transformar un estado superficial para alcanzar un estado de plenitud. Esto es posible, gracias la autotransformación que ofrece la filosofía, pues sólo ella puede develar valores, notar presupuestos ocultos y examinar cosmovisiones.

En la actualidad, las psicoterapias están de moda, pero como lo dirá Lahav, sin denigrar la importancia o la necesidad de las mismas, la psicología sólo cambia una caverna por otra. Más que superar el perímetro, la psicoterapia crea otro. Lo fundamental es, entonces, trascenderlo, transformarlo. Sin embargo, en una sociedad de la información, el bienestar se convierte en un servicio a adquirir, los tiempos de producción y de consumo no permiten un filosofar fluido, de allí que la mayoría busque terapias y coaching. Pero también motiva a que busquen consejeros filosóficos o filósofos prácticos, para que les ayuden a superar un estado de estancamiento. 

Conclusión.

La filosofía práctica es la verdadera cara de la moneda. El otro lado, la filosofía académica y abstracta ha brillado por las circunstancias políticas e históricas. En efecto, desde el surgimiento de la filosofía ella inició siendo práctica, es decir, vital, transformadora, dadora de sentido, develadora de presupuestos y valores. Los presocráticos en su angustia vital, reflexionaron sobre la physis y el arché para vincularse nuevamente, para ordenarse, de allí que el cosmos fuera su norte. Sócrates y Platón invitaron al cuidado de sí o, mejor, al ocuparse de sí mismo como tarea esencial del ser humano, puesto que se hace necesario un cuidado de sí para lograr un cuidado del otro. Esta epimeleia expuesta por Foucault, en la Hermenéutica del Sujeto, se relaciona con los ejercicios espirituales, como los llamó Hadot, de las escuelas filosóficas helenísticas. En efecto, la búsqueda de la tranquilidad, de evitar las perturbaciones, los dolores, los juicios preconcebidos, etc., son muestras fehacientes de filosofar constantemente la vida. Vale la pena mencionar, al respecto, que tanto Lahav como Foucault están de acuerdo en que filosofar la vida implica atención y vigilancia, es decir, se ha de cuidar de sí diariamente. De allí que los filósofos helenísticos, como Epicuro, por ejemplo, siempre advirtiera a sus discípulos que han de recordar sus principios y sus metódicas.

Por último, estos ejercicios espirituales, perdidos con el tiempo y con las circunstancias, son revividos por filósofos prácticos que han reconocido en la filosofía el método o el ejercicio de transformación de la vida. Han abierto las puertas de la filosofía para todos aquellos que se sienten estancados, angustiados, afligidos, etc., no para hacer terapia, sino para convertir su cosmovisión, para criticarla y reconstruirla si es necesario. No cabe duda, entonces, que la filosofía práctica es la medicina del alma, como dirá Foucault, o la autotransformación desde la sabiduría como lo nombrará Lahav.

Por Carlos Santamaría

Pensador que con sus ensayos y errores intenta conocerse.

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